Roberto Fontanarrosa: el maestro de historias
Fuente: https://www.educ.ar/recursos/114445/roberto-fontanarrosa-el-maestro-de-historias
En este artículo se aborda la obra del escritor Roberto «el Negro» Fontanarrosa, quien captó la esencia del lenguaje coloquial y la llevó a sus cuentos. Se abordan, entre otros, su larga labor en la historieta y en el humor gráfico y su trabajo con la lengua cotidiana.
Roberto «el Negro» Fontanarrosa
Nació en Rosario en 1944, y desarrolló allí toda su obra gráfica y literaria. Se dio a conocer a través de la historieta y del humor —esos lugares que la crítica mira como un porteño a un pariente del interior— y a fuerza de talento y genialidad se ganó un espacio entre los grandes nombres de la cultura argentina. Llegó incluso a uno de los máximos lugares a los que puede aspirar un académico: el cierre del Congreso de la Lengua Española, pero siempre con la naturalidad del que no se agranda, con las señas particulares que, si la ciencia fuera ciencia, sabría que vienen mezcladas en el ADN: rosarino, atorrante y futbolero.
Escuchamos su conferencia en el III Congreso de la Lengua Española que se desarrolló en Rosario (Argentina), el 20 de noviembre de 2004.
"Las malas palabras"
Como bien dice el narrador de ese fantástico cuento/prólogo «Palabras iniciales»: el lector se queda porque quiere saber cómo termina la historia. Y el núcleo de la obra de Fontanarrosa está ahí, en la atención que genera un relato bien contado. Lejos de las veleidades del artista estreñido y de la vanidad del que pretende «dejar algo para la posteridad». Lo que mueve al autor es el impulso eléctrico del que conoce un buen chiste o le ha ocurrido un hecho insólito y está esperando el momento para contárselo a «los muchachos». Una forma ligada a la narración oral que circula en la atmósfera de los bares, que se vislumbra en los títulos de sus libros (Usted no me lo va a creer, No sé si he sido claro, Te digo más…, entre otros) y que puede resumirse en una frase que capta de inmediato los sentidos del lector/oyente: «No sabés lo que me pasó…».
Te cuento como te hablo
La gran virtud de la obra del Negro es captar como nadie la esencia del habla coloquial y traducirla en lenguaje escrito. Las charlas de café, las historias de un tipo contadas a otro por un tercero, los diálogos ocasionales son parte sustancial de muchas de sus obras. En todas sabe disfrazar de naturalidad algo tan complejo como la construcción de un lenguaje directo, que parece resonar en los oídos.

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